Martín-Baró nos señala que para que se produzcan cambios significativos primeo tienen que cambiar las actitudes de la personas, lo cual implica un cambio en las opiniones.
También no indica que es una estructura hipotética que se verifican a través de sus manifestaciones.
Hay varias teorías sobre el cambio de actitud:
Enfoque de la comunicación-aprendizaje. Desde este enfoque se plantea que las actitudes son aprendidas socialmente y que los procesos de información, que influyen en las opiniones, son claves para el cambio de actitudes.
Nuevamente Baró le critica a este enfoque su falta de sentido histórico y su imprecisión conceptual de lo que es un refuerzo. Dice que le concede mucha importancia al aspecto cognoscitivo al considerar la opinión como aspecto fundamental de la actitud pero no está claro de qué forma o por qué razón el cambio de opinión lleva a un cambio de actitud.
Otro punto no claro es la relación entre comprensión del argumento y convencimiento. Muchas veces aunque no se pude rebatir las argumentaciones no se deja el propio punto de vista. El problema es que parte de un punto de vista racionalista del ser humano y presupone que la lógica formal es la que opera olvidando el afecto y los intereses personales y de grupo.
Sin embargo, aunque este modelo, como indica Martín-Baró, tiene una serie de huecos, el peso de las fuentes de información es algo que claramente se ha utilizado y utiliza el poder establecido para influir en las opiniones de las personas y hacer que estas asuman actitudes que les convienen, como la actitudes pasivas y de poca o ninguna responsabilidad social. Por algo es que existe una tendencia cada vez mayor a controlar los medios de comunicación creando oligopolios mediáticos.
Sobre el enfoque funcional nos dirá que aunque es valioso el aporte sobre el valor instrumental de las actitudes, el supuesto de utilidad que sostiene implica en el fondo una explicación científica que no cuestiona el sistema establecido y obvia que muchas veces las actitudes que el grupo exige o trasmite no le son útiles a la persona o grupo al que pertenece, ya que estas pueden suponer una alienación y la utilidad seria para el grupo dominante.
El enfoque de la consistencia, por su lado plantea que el cambio de actitud se da para mantener la coherencia interna de la persona. Martín-Baró le critica a este enfoque que ve el cambio de actitud como un proceso homeostático que presupone la búsqueda de un estado de balance, sin embargo, en la vida cotidiana vemos que las personas mantienen grades dosis de irracionalidad. Nos dirá que las actitudes son un producto ideológico y que muchas veces la persona cambia de actitud o sus presupuestos cognitivos para justificar una acción yo hecha, además, como producto ideológico estas por lo general sirven a los intereses de la clase dominante.
En cuanto a los componentes de las actitudes es importante lo que nos indica Baró es que más que preocuparse por el número de elementos de una actitud, lo relevante es su carácter y significación psicológica y social ya que como estructura cognitivo-emocional, canaliza la significación y comportamiento hacia los objetos de las personas en una dimensión ideológica por lo que las actitudes más importantes, a fin de cuentas lo que reflejan es la ideología social dominante y canalizan y materializan sus intereses, aún a costa de los propios del grupo.
Así , el problema de estos modelos explicativos es su tendencia al reduccionismo y generalización que dejan de lado el carácter histórico y significado social de las actitudes, lo cual puede serle muy conveniente al orden establecido.
Nos dirá Baró, que lo fundamental para comprender las actitudes es dilucidar las relaciones de sentido, su ubicación histórica y social específica (estructuras de poder y organización).
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