Al igual que como con los otros fenómenos sociales, Martín-Baró, nos dirá que las acciones prosociales, cooperación, solidaridad y altruismo, han sido abordadas desde la psicología social vigente desde una cosmovisión individualista propia del sistema capitalista dentro del cual se formulan, sin cuestionarlo.
En general esto modelos postulan que el ser humano lo que busca con estas conductas prosociales es su máximo beneficio, cuando en la realidad este beneficio corresponde a los grupos en el poder. Este es un supuesto hedonista y egoísta que estos enfoques mantienen como natural. Al respecto, nos dirá Baró que pretender reducir el altruismo, la solidaridad o el sacrificio a una forma de individualismo o a un solapado hedonismo es un enmascaramiento ideológico que niega la historia del ser humano en su socialidad.
También denuncia el reduccionismo de estos enfoques, donde todo lo refiere al propio actor, obviando lo macrosocial.
En general se abocan a describir, determinar variables involucradas, pero no se meten con el sentido, ni la dinámica que asumen estas acciones, lo cual requeriría un abordaje histórico, donde se evidencien las condiciones en que se dan.
Por otro lado si se entiende la acción prosocial como aquella que busca el beneficio de otras personas, lo que es beneficioso para unos puede ser prejudicial para otros, de ahí la crítica a los abordajes explicativos de la accione prosociales que no toman en cuenta las contradicciones en una sociedad, y el desarrollo histórico-social en contextos específicos en que se dan.
Así, por ejemplo, indica Baró, la denominación de antisocial por lo general se aplica a los actos que perjudican o no benefician al sistema establecido.
Nos dirá que “… los tipos de acción prosocial deben definirse en relación al grupo o sociedad en que se produce, ya que su sentido sólo puede captarse adecuadamente frente a esa realidad” (pág. 318)
En cuanto a los tipos de acción prosocial que aborda el autor deseo resaltar que si bien en la cooperación se privilegia el bien común sobre el individual, en la realidad la manipulación de la información que se hace desde el poder establecido oculta el verdadero sentido de llamados a cooperar a favor de tal o cual causa. La estimulación de la cooperación en función de enemigos comunes minimiza las diferencias y conflictos dentro de la sociedad y ayuda a crear un sentido recohesión que oculta y contiene estos conflictos.
Esta sería una cooperación forzosa donde no hay respeto por el otro y el poder es desigual y la comunicación no es ni fluida, ni rica, es unilateral y engañosa.
Por otro lado el señalamiento de Baró de que las sociedades que estimulan la cooperación logran un progreso mayor y más rápido que las sociedades que estimulan el individualismo competitivo, habría que analizarlo a la luz de otro sentido de progreso y no del que se maneja desde las sociedades capitalistas.
En cuanto a la solidaridad me parece muy acertada la dimensión que le da el autor en cuanto a reflejo de las injusticias dentro de una sociedad
Por otro lado en su critica a los modelos considero importante resaltar su señalamiento sobre la pretendida tendencia al equilibrio que postula el modelo de la equidad, el cual no toma en cuenta que la gente por lo general hace lecturas y justificaciones de las acciones, donde lo equitativo es lo que le traiga más ventaja. Nos dirá que una adecuada lectura de este fenómeno de justificación debe vincularse al contexto social que propicia estas actitudes individualistas, ya que, como lo indica criticando el modelo de motivación de justicia, el sentido de justicia no es algo intrínseco del ser humano y hay que relaciona con el sentido histórico social de la construcción de los criterios de justicia.
Así, por ejemplo, refiriéndose al altruismo, dice que dependiendo de la sociedad y sus fundamentos estructurales el altruismo se potencia o se inhibe, como en EUA donde ayudar en accidentes o situaciones similares puede conllevar a demandas muy onerosas.
El problema que señala en estos dos enfoques es que niegan los conflictos y naturaliza las desigualdades e injusticias y al institucionalizar la solidaridad y el altruismo como caridad e ilegalizar prácticas prosociales fuera de sus intereses, perpetúan el poder de la clase dominante
Nos dirá el autor que cuando se institucionaliza la responsabilidad social y se la deja en manos de especialistas, se le quita a la persona control sobre su propia vida, se privilegian los intereses de los sectores dominantes y se cuartan los otros procesos de solidaridad que no satisfagan o representen un peligro a los intereses del sector dominante. Se burocratiza la responsabilidad, la cual se termina diluyendo en las estructuras institucionales.
Si no nos responsabilizamos asumimos una cosmovisión individualista donde nos vemos y sentimos al margen de los problemas de nuestra comunidad y sociedad.
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