Este es un capítulo algo ocioso, es una polémica nominalista en la que Dussel entra consigo mismo. El tema de este capítulo será, en palabras de Dussel mismo: "...extremadamente complejo, y para aclarar una posible conclusión deberemos efectuar un largo rodeo, crear categorías analíticas que nos permitan llegar a la posición propia de una Ética de la Liberación." (p. 539)
En pocas palabras: escribirá y escribirá un montón de rodeos, inventará palabras (enfrascándose en una discusión imaginaria) y entonces dará su posición respecto de la violencia (aunque al fin y cabo es una posición a "medias tintas", como observaremos).
Expondrá que la "coacción legítima" de un Estado o institución no puede lamarse violencia. Y personalmente me OPONGO a esa tontería lingüística que hace Dussel. La violencia tiene demasiadas expresiones y no por cambiarle el nombre a una de ellas (un argumento sofístico por lo demás) entonces deja, como por arte de magia, de expresarse como violencia. Pero entonces dice que cuando un sistema no tiene ya legitimidad entonces ahí sí puede ser la coacción tomada como violencia. Un peśimo silogismo. Luego desperdiciará algunas líneas en un encomio del héroe y (como tantos otros hicieran antes) luego imagina cómo es que nació el guerrero y de ahí a las actuales armas e instituciones militares: inventa una historieta acerca de la violencia: otra tontería.
Criticará a Weber y Habermas en cuanto a sus posiciones respecto de la legitimidad de un sistema e "inventará" entonces su gran solución: si un sistema no puede reproducir ni desarrollar la vida de las personas entonces no es legítimo.
Yo me pregunto: ¿Entonces cuándo ha habido un sistema legítimo? Pues nunca, pero entonces para qué toda esa hablada. Aparte de esto Dussel parece concebir la política como hace alrededor de 2600 años la concibiese Aristóteles: la administración del bien para la mayor cantidad de personas. Eso es ingenuo, anacrónico y ambiguo. Ya esa perspectiva, desde el siglo XVI con Maquiavelo fue destronada. Por ejemplo, para Marx la política y la economía muestran conflictos de clases, no una administración de la vida de todos. Y es que esto ni siquiera es utopía, es más ingenuo. Por ejemplo, criticará la idea de que la legitimidad es una forma de hegemonía y de control, de poder. Pero entonces dirá que la ética de la liberación no se basa en la hegemonía, sino en la libertad, en la liberación de las personas que no fundan su vida en ningún tipo de dominación (páginas 546-547, para que miren esta tontería por ustedes mismos). ¿Cómo podría saber él lo que haría la gente, bajo el supuesto, y sólo como supuesto, cuando se emanciparan (y claro bajo la luz clarividente de su ética de la liberación)? Esto es IDEOLOGÍA de la peor, aparte de idealismo: las ideas preceden "la marcha de lo concreto e histórico".
Luego utilizará el término de violencia para otros discursos que no son el suyo, claro está que para algo le iba a servir el jueguito de palabras. Y las tres últimas páginas de este capítulo son meros rodeos y excursos verdaderamente gratuitos, por lo cual el resumen de esas páginas es plantear que no valen la pena de leer.
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De acuerdo con Rolano. Dussel se enreda en sus propias palabras y cae en incoherencias, eso de la legitimidad sólo lo puedo aceptar en el tanto enajenación que ya encierra un acto de violencia.
ResponderEliminarTampoco estoy de acuerdo con la forma como arremete contra la anarquía, no aceptando lo que él llama violencia ilegitima de estos grupos pero si acepta la violencia "legitima del estatus quo". NO ENTIENDO.
Puedo entender lo que dice sobre la necesidad de normas que regulen la convivencia de grupos humanos, pero definitivamente, aunque no lo admita y quiera hacerlo ver como distinto, lo que receta son las mismas formas de control represivo que no dejan cabida a la disidencia.